Defensa de la libertad de expresión

Toda defensa de la libertad de expresión debe partir de la comprensión de que su importancia radica en su función social, pues quien no sea capaz de entender qué importantes funciones sociales cumple, no la defenderá, o con suerte la defenderá de una manera incorrecta.

La importancia de defender la libertad de expresión desde la óptica de su función social radica en que el único motivo real por el que existe cualquier derecho individual es por su función social.

Incluso un derecho que podría pensarse que se fundamenta en cuestiones morales básicas, como es el derecho a la vida existe, no sólo como derecho sino como principio moral, porque cumple una función social. Es más óptimo el funcionamiento de una sociedad en la que los individuos pueden tener la tranquilidad de que la inmensísima mayoría del resto de las personas con las que se cruzan a diario respetan su vida, que una en la que no se valora la vida del resto de personas.

El tipo de derechos de que disfrutan los individuos, determina el tipo de sociedad que conforman y entre todos construyen.

Lo mismo ocurre con la libertad de expresión: La libertad de expresión cumple una función social y ese es el motivo por el que hay que defenderla.

Dicho motivo, no es de índole subjetivo, ético o moral, sino que puede estudiarse desde una perspectiva antropológica o sociológica, y es por tanto un motivo material, real, absoluto y objetivo y por tanto sólo discutible desde lo material, real, absoluto y objetivo.

Lo que expresan las personas puede ser de muy variada índole, tanto por su contenido como por su formato o motivación, por ello, de cara a la defensa de la libertad de expresión debemos tener en cuenta las diferentes funciones sociales que puedan desarrollar los diferentes tipos de libertad de expresión.

Atendiendo a su función social podemos clasificar las libertades de expresión en los siguientes tipos: lúdico, artístico, intelectual, político, económico, y posiblemente muchos más. La cuestión importante es que no todas las funciones sociales tienen la misma importancia, y por ello en aquellos casos en los que la libertad de expresión colisiona con otros derechos, deberemos atender a la importancia de la función social cumple ese tipo concreto de libertad de expresión y la del derecho concreto con el que colisiona.

De esa manera, espero que todos estemos completamente de acuerdo en que la libertad de expresión de ideas políticas, científicas o filosóficas, cumpliendo una función intelectual o política está por encima de los derechos al honor y similares.

También espero que todos estemos completamente de acuerdo en que la libertad de expresión de emociones u ofensas con un objetivo mercantilista, no debe estar por encima de los derechos al honor.

Si podemos estar de acuerdo en los extremos del espectro, podemos juntos desentrañar la importancia de la funciones sociales de los diferentes tipos de libertad de expresión y de los derechos con los que pudieran colisionar, para establecer así una escala de valores en la que la libertad de expresión no se asuma como algo indivisible que deba ocupar un único puesto, sino en la que que se considere como un conjunto de libertades las cuales pueden ocupar diferentes posiciones dependiendo de la importancia de su función social.

Es absurdo y falaz pretender que se deba supeditar la expresión de ideas filosóficas al honor o a la dignidad, utilizando la expresión de amenazas como hombre de paja. Es igual de absurdo y falaz que la expresión de insultos e incitaciones al odio, para dignificarse y elevarse a derecho absoluto, utilicen otros tipos de libertad de expresión como escudo humano.

Por ello, es indispensable entender que la libertad de expresión no es un hecho indivisible que ampara por igual a todas las expresiones para no caer en el juego de quienes pretenden escudarse en unos tipos de expresión para defender otros, o quienes pretenden excusarse en unos tipos de expresión para censurar otros.