Igual que la eternidad echa de menos el pasado, el presente y el futuro, y que la realidad añora los recuerdos, los sueños y las fantasías, yo tengo ganas de mi hogar.

Quiero volver a mi hogar.

Quiero esperar en la puerta a que me eches de menos ahí dentro contigo.
Quiero esperar en la puerta sin entrar hasta que desees sentir como cruzo el umbral para estar contigo con la misma intensidad con la que yo deseo cruzarlo para estar donde sé que pertenezco.

Y susurraré con besos en tu cuello que ates tus abrazos a mi espalda para que no me vaya jamás de tu hogar, que no me vaya jamás porque es tan cálido y acogedor como un paraíso hecho a mí medida para mí.

Alimentar el hambre de las bocas que se comen, recrearse en la codicia de los ojos que se desean, explorar la pericia de las manos que arrancan escalofríos de la piel.

Y tus pechos. Echo de menos tus pechos majestuosos despertando la dimensión más lujuriosa del amor, cuando conduces con picardía mis manos hasta ellos.

Dejarse llevar hasta el momento en el que mi amor desborda, y te doy mi corazón, para que lo guardes muy dentro de ti.

Muy profundo, junto con tu corazón, para que forme parte de ti y seamos uno, y abrazarte por fuera porque la naturaleza no permite que estemos más unidos aún.

Echo de menos esa clase de amor que no termina nunca.