La sociedad digital se articula en torno a la información y al individuo de un modo en el que éstos ahora son sus prescriptores y sus prosumidores cuando antes eran simples consumidores pasivos.

Los miembros de una sociedad acostumbrada a participar en la creación y difusión de la información necesitan, para sentirse realmente representados por los partidos y las instituciones, formar parte de la creación y la difusión de las propuestas e ideas que éstos defienden.

Como consecuencia asistimos al auge de las herramientas y mecanismos de participación ciudadana que lamentablemente se enfocan más en ser herramientas de toma colectiva de decisiones que en ser espacios de creación y difusión de ideas.

El modelo de participación ciudadana que necesita la sociedad de la información es uno que se base en la idea, en vez de en la decisión, y el que necesita la democracia parlamentaria es uno que sea también una herramienta de comunicación con la ciudadanía y de gestión de la información.

En definitiva necesitamos un sistema de participación ciudadana que sume la horizontalidad y transparencia que demanda y merece una sociedad avanzada con la estabilidad y responsabilidad que garantiza un sistema parlamentario representativo para crear una nueva forma de hacer política.

Además es vital que este modelo no esté vinculado a las instituciones sino a los partidos, porque nuestro sistema político se articula en torno a éstos. Aquellas personas que simpatizan con un partido, e incluso las indecisas, deben poder participar a través de los partidos durante todo el ciclo democrático, desde una precampaña hasta la siguiente, por lo que las herramientas de participación ciudadana deben servir tanto para la configuración de los programas como  para el desarrollo y fiscalización de los mismos.

Y por dios santo, que no sea una bazofia antiusable y desagradable como esas a las que nos tienen acostumbrados.